Aquella camarera sabía
besar,
lo sé por la
forma en la
que contaba las
monedas.

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Aquella camarera sabía
besar,
lo sé por la
forma en la
que contaba las
monedas.


Aquel latido descosía bisagras
de franela,
su danza en el precipicio
dibujaba el nombre
de una ciudad
infectada
por el incendio controlado
de la vida laboral,
los horarios de oficina,
el PVP
y el precio de los alquileres.
Aquel latido
sabía que iba a ser
solo
un zumbido grave
en la lejanía de una melodía
torácica eterna,
aquel latido
sabía
que aún sigo vivo
entre los cascotes
de la burocracia.

Si tengo que escribir
un poema a tientas
deletreo
el constante
zumbido del ventilador
que es lo que tengo más a mano
y pienso en tus ojos como el ámbar
del cristal de un litro de cerveza,
tan puro, tan lleno,
tan vacío
por mi erosión,
como mi boca devora su contenido
mis poemas devoran tus ojos,
y vuelvo a su fría humedad
y tus ojos vuelven a sus frías lágrimas
después de un verano
sin autopistas,
después de una noche sin sexo.

Estás bajo una luna que desconozco
desnuda,
es tu recuerdo fabricado
por mi borrachera,
quizás tu sabes quien eres.
Mírame,
soy yo…
aquel poeta que te hizo reír,
ahora no me reconoces
porque estoy
totalmente desnudo,
porque ya no tienes el beneficio
de mis dudas,
ahora eres esclava de mí
y yo soy esclavo de
mi nostalgia
y con cadenas,
hablar,
es siempre
un estorbo,
por eso dejemos de hablar,
déjame que desentierre mi
poesía primigenia,
aquella que sabía hacer cuando no
sabía escribir,
la poesía de un niño
que agarra una mano que no puede abarcar
y que abraza su recuerdo en cualquier otra chusta de la memoria,
en cualquier otro pasillo estrecho
como una mirada de alguien conocido.
Ahora esa poesía está llena de tierra
y al escribirla
emborrono tu recuerdo
tratando de amarrarlo
dejando enterrada a la misma vez
un recuerdo que quiero que seas
y que tu quisiste ser
en cualquier memoria.
For miss Paula.
No te pongas triste si mañana no te desayuno,
ya tengo servido el zumo de
tinta con toque de limón
para hacer las delicias de las cucarachas circundantes.
En cambio para la cena
te ofrezco
una taza de mi angustia:
¿La prefieres al dente
o simplemente
desnuda?

Todos locos
en esa ráfaga de olvido
crudo.
Todos locos,
yo el primero,
el único que fue
capaz
de soportar mi peso,
Y ahora que ya no hay camino
hacia ningún puerto seguro,
¿Qué hacemos con las manos?
Dime donde se esconde el
olvido,
o si solo fue un recuerdo que nunca existió.
Ya sé que en su reguero de polvo
flota el magma de la despedida,
Las putas becas ERASMUS,
el verano y la asfixia,
y todos locos detrás del olvido me dejaron a mi
acariciando un recuerdo sin espinas.
