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Y yo me iré
y se quedarán los pájaros
cagándose en la tierra
bajo la que me descompongo
y los árboles verdes
se pudrirán bajo los incendios
otoñales
bajo fardos de ansiedad
disimulada
y los pozos secos regarán soledades de diseño
y los años desnutridos
no serán sin mis ojos…
seguirá la vida ajena
periodística y sudada
tu vida
anudada y floreada
sobre sofás
y yo cojo al doblar fundido de las campanas
caminaré y mi espíritu errará,
-- siempre hierra --
y más pronto que tarde quedaran prendadas
las flores del consuelo y en el día de tu boda
la cruz y el poeta habitarán ayuntamientos
de paredes trazadas
y bajo las balanzas
callarán la musa y el carcelero…

La primavera ya ha pasado
ahora solo queda el perfume falsificado
que el recuerdo segrega
imitando el aroma de tu sudor
─baratija de plástico leve─
y el verano me abstrae de la rutina
y me envuelve en el ruido.
Noviembre aún no existe.
Noviembre está nevado y
el ventilador no conmueve
mi estático divagar por el fuego
de la memoria
noviembre está nevado.
noviembre está nevado, la primavera se va
y tú con ella
y a mí me queda el verano
supurando vapor
y aguamarina
quizás noviembre no venga esta vez
borracho
o quizás se dedique a helar mis pulmones
como cada día 21 de los meses
que no pasan en ausencia de tu aroma.

El semen en las manos
la necrópolis
de las pupilas
tapiadas
por el olvido
las bragas que besan el suelo
el olvido
hecho musa de alquiler
en las canciones de otro.

El tiempo es
una soledad
que se asume
cuando cruza la madrugada.
pero tus pechos
relucían bajo la brisa
de junio y a mí me
caducó la paciencia.
La paciencia es
una longitud razonable
a los ojos del invierno.
Las palabras aparecen,
abúlicas, y mi bolígrafo
es un gato bulímico
sobre tejados enfermos de anochecer.
pero me negué a ser tiempo
asumido y me devoró
la soledad con la misma
ebriedad que las maletas de mano.
El olvido es una acuarela
del mediodía de los veranos de tu
infancia «esfumatto» de
conciencias amatorias.
Los bares del sábado me roban
el sueño y lo hacen alcohol
en las bocas ajenas,
─tú te habrás dormido─
y a mí me destruye la
idea de asumir la soledad
y reducirme a la paciencia
kilométrica
de la vida sin ti.
el mismo cuentakilómetros
de mis dedos estirando tus
rizos, la misma gota de olvido
que queda de ti en mis pupilas.
─Tú te habrás dormido─
y yo me desvelo midiendo
el tiempo que se hace
soledad inasumible,
fuego en las amígdalas del
corazón, poesía.

Mi posición ante tus ojos
es la que tienen los
científicosfilósofos
profetasteólogos
y demás eruditos,
solo que a mí me atañen realidades
menos lejanas.

Noviembre queda
a tres inviernos de aquí
por la avenida
entre mi tabique
nasal
y tus pezones.












¿Para qué coño quiero
estos versos marchitos?
Si no me curan, simplemente
consuelan mi llanto,
Lo acunan, como una triste
corriente de agua,
muertos,
No valen para nada,
ni siquiera nadie los leerá,
Se van a morir en mi tinta,
que es su esencia,
Tinta negra ondeando pensamientos
aún más oscuros,
Preñados de tristeza,
de melancolía,
del llanto absurdo
De las noches en soledad...
muriéndome...
¿Y que soy yo, el poeta?
Un soñador borracho de recuerdos,
La luna solitaria bosquejada
en la noche más puta,
La que ha vendido sus estrellas a las nubes,
Sólo soy el loco que muere en el papel,
Después no soy nada, un sujeto
sin predicados aparentes,
Otra rama más del árbol,
Sin mis versos no soy nada,
Y sin embargo estos no son ni
siquiera esencia de mi mismo,
Son sólo mis lágrimas abyectas
Prostituidas hasta perecer,
Solazadas en un papel,
Disfrazadas de lo que algunos iluminados
considerarían belleza formal,
Y otros, en sombra, tacharían
de realidad hirviendo.
Al fin y al cabo eso soy yo,
escritor de mentiras,
Putero de realidades disfrazadas.